viernes, marzo 24, 2006

El Lago de los Cisnes


1. Érase una vez en los confines de un país enclavado en el espacio y el tiempo de la fantasía, un castillo elevado sobre un bosque, y érase un príncipe que celebraba aquella noche, la noche de esta historia, su mayoría de edad. Érase un príncipe desenamorado que debía, sin embargo, aquella misma fecha, escoger a la compañera de su vida para reinar. Érase una exigencia que quitaba el sueño al joven príncipe quien, más que amar, deseaba vivir para sí mismo, gozar, tal vez ser astrónomo o poeta para habitar en las estrellas. Una mente joven que no imaginaba qué era el amor y sólo ansiaba la aventura. Era el príncipe Sigfrido.

2. Y érase una reina madre, consciente de los deberes de su reino, que en la fiesta que ofrecía a su hijo le insistía en que tomara esposa. Y a los amplios jardines del palacio, había invitado bellas aspirantes para ocupar el trono y el corazón del príncipe.

3. Y he aquí que la noche de esta historia, cuando el príncipe llegaba a su edad madura, cuando tenía el dilema de escoger consorte y se hallaba triste e indeciso, sus amigos, para distraerle, le invitaron a una cacería al cercano Lago de los Cisnes.

4. Y érase también un cristal líquido entre la fronda del bosque. Érase un lago de placidez tan solo rota por el suave remontar, de una orilla a otra, de sus cisnes. Cisne, ave acuática que no deja estela en su camino, elegancia amable, obra maestra de la naturaleza sabia. Érase un tranquilo lago repleto de los más hermosos cisnes.

5. Ignoraban aquellos cazadores jóvenes que érase también un hechicero dueño y señor del lago. Érase la maldad y la magia enamoradas de la virtud y la belleza. Érase el mago Von Rotbart quien, para lograr el favor de la gentil Odette, recurrió a la magia y la convirtió en reina de los cisnes, junto con las damas de su corte. Las abundantes lágrimas de la madre de la joven encantada, formaron ese lago, salobre y amargo, de fingida placidez, donde se asentó el encanto. Y solo cada medianoche y hasta que el sol despunta, permite el hechicero, a Odette y a su corte, retornar a su condición humana. Mas solo para rogar un amor que Odette no puede dar.

6. La magia gravita sobre la juventud enamorada, la envidia cobra fuerzas, el poder sobrenatural se azuza. Incontrolable, maléfico, el amor despreciado busca la venganza, tan terrible como sutil, tan elaborada como angustiosa. Y de las artes ocultas surge, tan bella como Odette, mas misteriosa; tan tersa, mas profunda; tan enigmática, mas excitante: Odile, el Cisne Negro. Odile, el Cisne Mágico. Odile, sensualidad, sopor, ahogo. Sigfrido es presa del encanto. Rompe sus votos del primer amor y se encamina hacia el engaño.

7. De pronto, Sigfrido despierta. No ha valido el hechizo. Hay algo más fuerte que la magia y la maldad. Todo fue una visión, un mal sueño, un engaño. Allí, en el mismo sitio, está Odette, la verdadera reina de los cisnes, el verdadero amor por el que aún habrá que luchar.

8. En un extremo del mundo, en un punto apenas del infinito, una pareja se enfrenta, con su amor como única arma, a los poderes mágicos, y vence, destruye al hechicero antes todopoderoso.

9. Érase una vez un cristal líquido entre la fronda de un bosque, érase un lago de placidez tan solo rota por el paso de una barca que, como los cisnes, no dejaba estela en su camino